Las editoriales de la gran prensa del país ponían de manifiesto la indiferencia de la población ante el golpe militar. La notable ausencia de reacciones era explicada por la mala reputación y el descrédito del gobierno constitucional. Pero los comentarios se extendían más allá de esta simple constatación para arribar a un apoyo franco y abierto al advenimiento del nuevo régimen. "Un buen punto de partida" fue el título de la nota editorial del diario Clarín del 26 de marzo, en donde se afirma que "el reemplazo del elenco gubernamental y la sustitución de un régimen agotado abre perspectivas en la que es dable depositar la hasta ahora defraudada confianza de los argentinos". Por su parte, La Prensa titulaba el 27 de marzo "orden, seguridad y confianza" y no solo revindicaba el pronunciamiento militar sino que también felicitaba a las Fuerzas Armadas por la "prolijidad" del golpe cometido en el lapso de dos horas.
A pocos días del golpe, los funcionarios castrenses se jactaban de la buena aceptación que había tenido la sociedad el Proceso de Reorganización Nacional. Esta aprobación general había colmado sus expectativas de éxito. Una línea de consenso pareció originarse en torno al pronunciamiento autoritario, aunque el futuro argentino se mostraba todavía incierto y las intenciones de los militares aparecían, en la mirada de la mayoría, como confusas.
La estrategia discursiva de las Fuerzas Armadas estuvo destinada en una primera época a legítima su intención en el escenario político. El golpe de 1976 buscaba su legitimación mediante la conocida teoría del "vacío de poder", el argumento del "caos económico y social" y el peligro de la "subverción terrorista", que conducían a la "disolución de la Nación" y la "anarquía", tal como lo estableció la Proclama de la Junta de Comandantes conocida el 24 de marzo.
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